JUGAR A SER DIOS. SOBRE LA RECIENTE PROPUESTA DE AMNISTÍA (Gerardo Seminario)

miércoles, 3 de octubre de 2007

JUGAR A SER DIOS. SOBRE LA RECIENTE PROPUESTA DE AMNISTÍA (Gerardo Seminario)

Cuando crecemos, el pasado va cobrando importancia. Al tiempo que juventud y adultez se superponen, me doy cuenta que crece mi interés por los que estuvieron aquí antes. Cada día, por ejemplo, recuerdo más a mis padres y me veo curiosamente repitiendo sus costumbres y manías. Cuando hay tiempo para observar y calma para hacerlo con extrañamiento, me pregunto por la ciudad en que nací, sus colores y edificios, olores y sonidos, sus calles y su gente. Me doy cuenta de que en algún momento podré añorar todo aquello que en la actualidad parece a veces agobiante. Y mientras camino por mi ciudad y cavilo sobre los ancestros, me pregunto por cómo influyen en cada uno de nosotros nuestras distintas experiencias.

Es claro que no podemos borrar ni nuestro hábitat ni el pasado, ellos nos conforman, son desde siempre parte nuestra. Llega un momento en la vida en que al mirarse en el espejo por la mañana, podemos observar el polvo del tiempo sobre nuestras imágenes. Amargamente, para muchos se trata de un encuentro violento y/o prematuro, al que delata la piel cansada y el rostro a tiempos ausente. Es la huella de una lucha por recuperar lo acontecido, recuperar la memoria y la concreción de la misma en nuestro ser particular, nuestra identidad. Y es que no somos simples descendientes, somos herederos y borrar la herencia, olvidar, más que un final es la cancelación de la existencia.

Esta semana se ha buscado plantarnos una forma de olvido voluntario, la amnistía para Alberto Fujimori. Partiendo de lo expuesto, quisiera alertar sobre el horror que implica correr velo sobre este capítulo de nuestra reciente historia. El horror no está solamente en el otorgamiento de impunidad al ex presidente, lo que ya sería escandaloso; la amnesia sobre La Cantuta y Barrios Altos implica la amnesia sobre las víctimas, implica amnesia sobre sus deudos, cuya herencia de memoria es mutilada. El espanto de esto es que, tras acabar con la vida, se prosigue a la eliminación de cualquier huella de su existencia previa. Más que el triunfo de la muerte, es el triunfo de la nada sobre el ser. Frente al brillo obsceno de sus ojos, se ofrece lo más codiciado por cualquier dictador, jugar a ser Dios.

No se qué pasa exactamente en la mente de muchos fujimoristas, o de antiguos simpatizantes del fujimorismo como Rafael Rey, o de promotoras de la negación y la violencia como Martha Chávez ¿Son la ideología y ambición de poder tan fuertes como para ocultar la monstruosidad presente en volver a matar a los que ya están muertos y mutilar la memoria de sus herederos? ¿Cuál es la cura contra esta enfermedad que nos debilita como humanos? No tengo respuesta, pero voy a arriesgar lo que creo una entrada profunda al dolor ajeno, una buena muestra de humanismo, aquello que hemos señalado como ausencia mayor.

Muy seguido sucede que alguien dijo antes y con más arte lo que queremos contar y el presente escrito no es una excepción. Por eso y porque estuvo estrechamente relacionado con la factura de estas pocas líneas, adjunto una breve historia que compone parte de El Corazón Helado, última novela de Almudena Grandes cuyo tema central justamente es la memoria. Es una narración sobre otro país, otra dictadura y también sobre tiempos y voluntad de olvido, esa receta que algunos creen buena. Y sin embargo, me parece indispensable escuchar las palabras de Álvaro, personaje principal de la novela, que bien son las palabras de la propia autora a cerca de la España actual y que ojala nunca sean necesarias en el Perú: «Sólo quiero hablar porque el silencio pactado para encubrir la verdad ha acabado por suplantar a la propia verdad».

El extracto es adecuado pues, pasado el encuentro con la herencia cultural, empieza contando el descubrimiento repentino del horror por parte de Ignacio, hijo francés de refugiados españoles, republicanos y rojísimos. Ignacio emprende en 1964 su primera visita a la tierra de sus padres, una España que imagina muy distinta a aquella cuna de dolor descrita por su familia, historia que le es más bien indiferente. Pero súbitamente descubre, en su conversación con la anciana y viuda Tía Casilda, que lo suyo más que un primer arribo es realmente un retorno. Espero se animen a darle lectura, creo que la intensidad y belleza de este relato de horrores puede, por lo menos, inquietar el más helado corazón.


Gracias,

Gerardo.

Posted by Roberto at 11:13  

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