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viernes, 18 de enero de 2008

gorriti

por gustavo gorriti

El Caso de Buenavista

Yo había escuchado ya parte de la historia, pero sonaba extraña y hasta fantasiosa. Pero, una nueva información esboza un capítulo oscuro en el camino hacia una hazaña. Ahora puede haber llegado el momento de aclararlo. La historia, en resumen, es la siguiente: a fines de 1990, el entonces novísimo pero ya exitoso GEIN de la Dircote se mantenía tras el rastro caliente de la jefatura de Sendero Luminoso después de las dramáticas capturas logradas en junio y septiembre de ese año.

Sin descansar, los “mordedores” del GEIN habían ubicado varias casas donde parecía haber actividad senderista. Entre ellas una ubicada en la calle Buenavista, en Surco.

A fines de noviembre y comienzos de diciembre, la vigilancia de la casa permitió inferir que Abimael Guzmán y otros senderistas se encontraban ahí. Pocos días después, la evidencia se corroboró. Aunque no todos estaban de acuerdo, los analistas y mandos operativos del GEIN consideraron que se debía “golpear”, es decir, intervenir, esa y otras casas. Se lo plantearon al director de la entonces Dircote, general PNP-PT Enrique Oblitas, y éste accedió y ordenó armar un plan operativo para ejecución inmediata.

Entonces sucedió lo inesperado. El operativo fue abortado por “orden superior”, Oblitas defenestrado y los senderistas –advertidos por una nota anónima deslizada por debajo de la puerta– escaparon.

¿Qué pasó? He entrevistado a casi todos los protagonistas principales de esa historia y he visto documentos de análisis de inteligencia de esas fechas. No todas las declaraciones coinciden, pero ellas y los documentos arman una versión confiable, que debe ser profundizada por los jueces.

A fines de 1990, la dirección operativa del GEIN estaba a cargo de su fundador, el entonces mayor PNP-PT Benedicto Jiménez. Junto con él estaba Marco Miyashiro, entonces del mismo grado. El responsable de supervisar el GEIN y coordinar con la Dircote era el entonces comandante PNP-PT Luis Felipe Elías. La relación entre el GEIN y la Dircote se daba a través del departamento de asesoría legal de la Dircote, cuyo jefe era el comandante PNP-PT Clodomiro Díaz Marín. Con él trabajaba el entonces comandante PNP-PT Félix Murazzo.

El análisis de inteligencia era realizado por los entonces capitanes PNP-PT Carlos Morán y Carlos Carrillo, a quienes se sumaba en ocasiones el entonces mayor PNP-PT Víctor Fernández Noriega.

En los últimos días de noviembre de 1990 se encontró, entre la basura de la casa de Buenavista, el medicamento Tigasón, para el tratamiento de la psoriasis, que padecía Guzmán. También se encontraron otras medicinas que, se suponía, utilizaba Guzmán. Ese mismo día, junto con documentos mecanografiados inequívocamente senderistas, se encontró varias anotaciones manuscritas con la palabra “ojo”, en tinta roja, sobre informes presentados al comité central de SL.

Lo primero que se hizo fue llevar el documento para que se le hiciera un peritaje grafotécnico. De eso se encargó Félix Murazzo. La muestra de comparación fue una firma de Guzmán en una bandera senderista. El peritaje arrojó positivo. La anotación era de Abimael Guzmán.

En los días siguientes, la basura produjo más documentación senderista y los restos de comida indicaron que había un buen número de personas en la casa. Otras formas de vigilancia corroboraron la observación.

Pero, entre el 2 y el 4 de diciembre de 1990, Vladimiro Montesinos visitó por primera vez el local del GEIN. Lo acompañó el ya retirado general PNP-PT Fernando Reyes Roca, quien, al parecer, quería proteger la unidad que había ayudado a crear y deseaba una buena relación con Montesinos. Este llegó vestido de blanco, según los testigos, y escuchó sorprendido los avances hechos en la investigación, incluso la verificación grafotécnica y lo de las medicinas. Según recuerda con claridad uno de los presentes, Montesinos dijo que eso había “que mantenerlo en reserva y trabajarlo con los nuevos comandantes generales (de las FFAA) en 1991”.

El 4 de diciembre, junto con diálogos interceptados sobre lo bien que había ido la “fiesta infantil”, el GEIN recogió envases de cartón de vinos chilenos y una buena cantidad de colillas de cigarrillos. Era obvio que se había festejado el cumpleaños de Abimael Guzmán.

Entonces hubo una reunión en la oficina del GEIN, dirigida por Elías, en la que participó Murazzo y donde estuvieron los comandantes del GEIN y los analistas. Casi todos sostuvieron que había que actuar de inmediato y “golpear” (intervenir), puesto que las posibilidades de capturar a Guzmán eran muy altas. Sólo uno sostuvo que era prematuro hacerlo. Otro se declaró neutral.

Al día siguiente por la mañana, la posibilidad de “golpear” se discutió en la reunión de comando de la Dircote. Estuvieron Díaz Marín, Murazzo y Elías, junto con el general Enrique Oblitas. Los tres comandantes opinaron que había que actuar de inmediato. Oblitas estuvo de acuerdo.

En plena reunión sonó el teléfono de tres cifras y Oblitas contestó. Lo llamaba el general PNP-PT Pablo Rivera Portal, director de la Policía Fiscal. Rivera Portal era más antiguo que Oblitas, pero no era su superior. Su mensaje fue extraoficial, pero directo: “No sé cómo”, recuerda Oblitas que le dijo Rivera Portal, “pero por orden de la presidencia, esa captura importante que vas a hacer queda sin efecto”.

Oblitas reaccionó con indignación. “Le dije que mientras yo sea director aquí, aquí mando yo”. Y le tiró el teléfono.

A continuación, Oblitas dio órdenes para armar un operativo en el día. “A Murazzo le encargué conseguir las movilidades; a Díaz Marín, los fiscales para que acompañen cada incursión; y a Elías Cuenca, los policías más capaces para golpear diez sitios a la vez”.

Mientras los preparativos se aceleraban, Oblitas fue a visitar a un amigo suyo, el general PNP-PT Mendoza Saravia, internado en el hospital de Policía. Ahí recibió una llamada del jefe de la Policía, general PNP Adolfo Cuba y Escobedo, ordenándole que se constituya en su despacho de la Dircote.

A los pocos minutos de llegar, arribó Cuba. El jefe de la Policía le informó, sin ninguna explicación, que procedía a relevarlo en forma inmediata del mando de la Dircote. Un rato después de esta destitución, llegó el general PNP-PT Héctor Jhon Caro, a quien se le había ordenado unas cinco horas antes dejar Huaraz, donde era jefe policial, y arribar cuanto antes a Lima. Ahí Cubas lo nombró nuevo jefe de la Dircote.

La operación fue abortada. Sobre cómo se hizo, hay versiones diferentes. Los comandantes sostienen que Jhon Caro les dijo: “Yo no sé lo que se iba a hacer, pero ahora no se hace nada”. Jhon Caro no recuerda haberlo dicho.

En los días siguientes, la casa de Buenavista quedó vacía. En su libro, “El megajuicio de Sendero”, Óscar Ramírez Durand, “Feliciano”, dice por qué. “Una noche … se acercó Angélica Salas y le dice a Guzmán que alguien había deslizado una carta por debajo de la puerta de la casa. Guzmán y la Iparraguirre se retiraron … para leer la mencionada carta. Cuando volvieron… dijeron que una persona que decía ser miembro Dincote (sic) nos comunicaba (¿) (sic) que la casa estaba vigilada permanentemente por los miembros del GEIN, disfrazados de guachimanes y que en cualquier momento se iba a intervenir la casa, que solo esperaban órdenes superiores… En ese momento, aparte de Guzmán y su pareja nos encontrábamos yo, María Pantoja, Yovanka Pardavé, Tito Valle y la ya nombrada Angélica Salas… hicimos lo único que podíamos hacer, salir por partes como habíamos entrado, sin despertar sospechas, ocultos en la parte posterior del auto que tenían y que manejaba Angélica Salas”.

A “Feliciano”, los “mordedores” del GEIN lo perdieron en la plaza Manco Cápac. Guzmán permaneció libre hasta septiembre de 1992, muchas muertes, tragedias, golpe de estado y fechorías después.

¿Quién ordenó abortar la captura de Abimael Guzmán? ¿Quién saboteó la operación? Si se hubiera actuado entonces se lo habría arrestado y el golpe hubiera sido fulminante, porque con él habría caído Feliciano, y Sendero habría quedado ideológica y operativamente decapitado de un solo golpe.

Además no habría habido la menor excusa para el golpe del 5 de abril de 1992. Y no habría habido ni Tarata, ni Barrios Altos, ni La Cantuta ni los centenares de otras muertes y destrozos que tuvieron lugar esos dos años. Se habría demostrado además la clara posibilidad de una democracia de defenderse eficazmente, empleando las armas de la inteligencia y los valores de la libertad.

Tanto el general Oblitas como los entonces comandantes Díaz Marín, Murazzo (quien llegó a jefe de la PNP y ministro del Interior) y Elías Cuenca, tienen un testimonio preciso por rendir; y los jueces deberían tomarlo en cuenta. Está claro que el sabotaje del operativo se hizo por “orden superior”. ¿Quién lo hizo? Solo dos personas podían lograrlo: Montesinos o Fujimori.

Si hay un asunto que merece ser investigado a fondo, es éste.

Posted by Roberto at 7:01  

4 intruso(s):

Que asco de rufianes tuvimos al frente de nuestro sufrido Peru en esa decada oprobiosa , solo pensaban en sus intereses y convirtieron al pasi entre otras cosas en un narcoestado e incluso pudieron provocar el conflicto con el ecuador para beneficiarse de los decretos de urgencia en la compra de armas, algunos ganster aun siguen sueltos

MECANO dijo...
12 de septiembre de 2012, 14:25  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MECANO dijo...
12 de septiembre de 2012, 14:25  

en q momento entra ketin vidal de espía de montesinos?. monesinos pone a ketin para q lo mantenga al tanto del operativo, sin embargo no lo avisa y eso enojo a montesinos, compadre de ketin de una ultima hija q tuvo de una relacion extra. eso esta en el libro de Carlos Paredes, La caida del Heroe.

pparedex dijo...
12 de septiembre de 2012, 15:28  

Estimado, me parecio interesante tu relato. Sin embargo no he encontrado ese información ni en lo investigado por la comisión de la verdad, ni tampoco en lo que indica Benedicto Jimenez en su libro. Es decir, según tu información existen información valiosa de los comandantes y del propio Oblitas que podría demostrar este ilicito pero como no se ha podido incluir en ninguna investigación judicial o difundir por la prensa tal hecho.

José Miguel dijo...
20 de marzo de 2015, 13:34  

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